¿Por qué sigo con dolor si mis exámenes salen normales? Lo que dice la neurociencia del dolor
El dolor no siempre se explica completamente por una lesión
DOLOR CRÓNICO
3/24/20264 min read
Una de las preguntas más frecuentes que escuchamos en consulta es:
"Si mi resonancia salió normal, ¿por qué sigo teniendo dolor?"
Otras personas viven la situación contraria. Sus exámenes muestran hernias discales, artrosis o desgaste articular, pero el dolor que sienten parece mucho mayor de lo que explican las imágenes.
Esto genera incertidumbre, preocupación e incluso frustración.
Muchas veces las personas terminan escuchando frases como:
"No tienes nada."
"Todo está en tu cabeza."
"Es solo estrés."
"Debes aprender a vivir con ello."
Sin embargo, la ciencia actual ha demostrado que el dolor es mucho más complejo.
El dolor es real, incluso cuando los exámenes son normales
Las resonancias magnéticas, radiografías y tomografías son herramientas muy útiles para observar estructuras del cuerpo.
Pero existe algo importante que muchas personas desconocen:
Los exámenes pueden mostrar tejidos, pero no pueden medir el dolor.
Numerosos estudios han encontrado que muchas personas sin dolor presentan:
Hernias discales.
Protusiones.
Artrosis.
Desgaste articular.
Cambios degenerativos relacionados con la edad.
Al mismo tiempo, algunas personas con dolor intenso presentan imágenes que muestran pocas alteraciones o incluso resultados considerados normales.
Esto ocurre porque el dolor no depende únicamente del estado de los tejidos.
El dolor es una señal de protección
Durante muchos años se creyó que el dolor era una medida exacta del daño corporal.
Hoy sabemos que no siempre es así.
El dolor es una experiencia de protección producida por el sistema nervioso cuando interpreta que existe una amenaza para el organismo.
En muchas ocasiones, cuando existe una lesión reciente, el dolor cumple una función importante: ayudarnos a proteger la zona afectada mientras se recupera.
Sin embargo, algunas veces el dolor puede persistir más tiempo del esperado.
¿Por qué sigo teniendo dolor si la lesión ya sanó?
Una explicación cada vez más respaldada por la investigación científica es que el sistema nervioso puede aprender a ser más protector.
Pensemos en una alarma de seguridad.
Su función es avisarnos cuando existe un peligro real.
Pero si la alarma se vuelve demasiado sensible, puede activarse aunque no exista una amenaza importante.
Algo parecido puede ocurrir con el sistema nervioso.
Después de meses o años de dolor, el cerebro y otras estructuras nerviosas pueden volverse más vigilantes y sensibles.
Como consecuencia:
Movimientos normales pueden sentirse dolorosos.
Actividades cotidianas pueden generar molestias.
El dolor puede aparecer con estímulos leves.
El cuerpo puede reaccionar de manera exagerada ante situaciones que anteriormente eran seguras.
Esto no significa que el dolor sea imaginario.
Significa que el sistema de protección del organismo se encuentra funcionando con un nivel de alerta más elevado.
El cerebro aprende a partir de las experiencias
Cuando hablamos de dolor persistente, muchas personas temen que les digan que "todo es psicológico".
Pero eso no es lo que muestran las investigaciones actuales.
El cerebro no "inventa el dolor".
Lo que hace es interpretar constantemente la información que recibe del cuerpo y del entorno para decidir cuánto nivel de protección necesita activar.
Para tomar esa decisión utiliza múltiples fuentes de información:
Experiencias previas de dolor.
Lesiones antiguas.
Recuerdos asociados al dolor.
Información recibida por profesionales de salud.
Resultados de exámenes médicos.
Experiencias de familiares o personas cercanas.
Situaciones que anteriormente estuvieron asociadas con dolor.
A partir de toda esta información, el cerebro construye predicciones sobre qué situaciones pueden representar peligro.
Por ejemplo, si una persona sufrió varios episodios dolorosos al inclinarse para recoger un objeto, el sistema nervioso puede aprender a asociar ese movimiento con amenaza.
Con el tiempo, el cerebro puede anticipar peligro antes de que exista un daño real en los tejidos.
No porque la persona lo imagine, sino porque el sistema nervioso ha aprendido a protegerse de una manera excesiva.
¿Qué es la sensibilización del sistema nervioso?
Cuando el dolor persiste durante mucho tiempo pueden producirse cambios en la forma en que el sistema nervioso procesa la información.
Estos cambios reciben el nombre de sensibilización.
Dependiendo del caso, pueden participar mecanismos como:
Sensibilización periférica
Las terminaciones nerviosas cercanas a una lesión se vuelven más sensibles y responden con mayor facilidad.
Sensibilización central
El cerebro y la médula espinal amplifican las señales provenientes del cuerpo, aumentando la sensibilidad al dolor.
Esto puede hacer que actividades habituales o estímulos leves se perciban como más amenazantes de lo que realmente son.
La buena noticia: el cerebro también puede reaprender
El sistema nervioso posee una extraordinaria capacidad de adaptación llamada neuroplasticidad.
Así como puede aprender asociaciones de peligro, también puede aprender nuevas experiencias de seguridad.
Por eso los tratamientos modernos para el dolor persistente no se enfocan únicamente en los tejidos, sino también en ayudar al sistema nervioso a actualizar sus predicciones y reducir gradualmente su nivel de alerta.
Entre las estrategias respaldadas por la evidencia científica destacan:
Educación en neurociencia del dolor.
Ejercicio terapéutico progresivo.
Exposición gradual al movimiento.
Recuperación de actividades significativas.
Mejora de la calidad del sueño.
Manejo de factores que aumentan la sensibilidad del sistema nervioso.
Rehabilitación vestibular cuando existen síntomas de mareo o inestabilidad asociados.
Si sus exámenes son normales pero usted sigue sintiendo dolor, eso no significa que el dolor sea imaginario.
Su dolor es real.
Comprender cómo funciona el sistema nervioso nos permite entender por qué algunas personas continúan experimentando dolor incluso después de que los tejidos han sanado.
La buena noticia es que el cerebro puede cambiar.
Con un enfoque adecuado, basado en educación, movimiento y experiencias de seguridad, muchas personas logran recuperar la confianza en su cuerpo y volver a realizar actividades que habían abandonado por miedo al dolor.
En CEDREV trabajamos desde la neurociencia moderna del dolor para ayudar a las personas a comprender lo que les está ocurriendo y recuperar su calidad de vida.
